Caminaba solo el domingo a la tarde,
pisaba charcos y hojas del otoño,
borracho como un demonio
no había luz para resucitar.
Respiré de a poco la brisa del sur,
a mi lado había un perro perdido
y Cupido abatido cicatrizaba heridas
en el baño de un bar.
Rosa con espinas en jardines oscuros,
esperaban la primavera o un rayo de Sol
y un viejo girasol se cerraba
para que nadie lo pudiera ver.
En rieles oxidados pasaba un tren fantasma,
no tenía boleto pero igual quise subir
y un hombre de fusil me apuntaba
para que dejara de tocar.
Solo con mi alma solo,
solo el silencio de mi voz,
solo con mi alma solo,
solo se escucha un adiós.
pisaba charcos y hojas del otoño,
borracho como un demonio
no había luz para resucitar.
Respiré de a poco la brisa del sur,
a mi lado había un perro perdido
y Cupido abatido cicatrizaba heridas
en el baño de un bar.
Rosa con espinas en jardines oscuros,
esperaban la primavera o un rayo de Sol
y un viejo girasol se cerraba
para que nadie lo pudiera ver.
En rieles oxidados pasaba un tren fantasma,
no tenía boleto pero igual quise subir
y un hombre de fusil me apuntaba
para que dejara de tocar.
Solo con mi alma solo,
solo el silencio de mi voz,
solo con mi alma solo,
solo se escucha un adiós.
Sebastián Koutsovitis


